Comparten historias que laten en cada trazo

January 19, 2026

Hay exposiciones que se miran, otras que se escuchan, y unas pocas —muy pocas— que se sienten. El arte que se vive pertenece a esta última categoría. Se trata de una muestra en la que la imagen deja de ser únicamente contemplada para transformarse en un pulso vivo, en un latido que conecta al artista con el espectador.

En palabras de Martín Dimitrova, esta exposición propone un encuentro íntimo con obras que no se limitan a representar, sino que respiran, dialogan y cuentan historias que insisten en ser escuchadas. Aquí, la pintura no es un objeto inmóvil: es una experiencia sensible, un estado interior y una narración emocional.

Las piezas reunidas dialogan desde universos profundamente diversos. Aparecen ciudades fragmentadas donde la figura humana se diluye entre líneas vertiginosas; cuerpos azules que meditan en silencio rodeados de energía; selvas doradas donde el sol parece abrir portales y los colibríes custodian la luz. También emergen visiones fantásticas que rozan lo monstruoso, mundos oníricos habitados por criaturas híbridas, un caballo que se disuelve en color y un corazón encendido que palpita sobre un azul profundo.

En contraste, se descubren territorios acuáticos, trazos que parecen respirar bajo el mar, flores cósmicas, rostros que brotan desde lo íntimo y un elefante solitario que habita un océano simbólico. Todas estas imágenes, tan distintas entre sí, comparten un mismo origen: el espacio donde la experiencia humana se convierte en materia poética.

Artistas como Pedro Natera, Vair Pierce, Andrea Luharp, Antonio Gutiérrez, Francisco Verástegui, Jesús Hernández, Jorge Valente, Victoriano López, Martín Dimitrova, Andrea Duarte, Everest Montes, Ricardo Sanabria, Manuel Miguel y Modesto Bernardo conforman esta muestra colectiva, ofreciendo fragmentos de su mundo interior al público.

En cada obra hay búsquedas personales, memorias, cuestionamientos, celebraciones del color, exploraciones técnicas y gestos que recuerdan que el arte no es solo representación, sino presencia viva. El arte que se vive invita a detenerse, a escuchar lo que sucede entre los colores y a permitir que una imagen nos toque, nos confronte o nos acompañe.

Porque una obra que se vive es aquella que continúa más allá del marco, que se aloja en la memoria del espectador y permanece como un eco, incluso después de haber salido de la galería.

Fuente: El Imparcial Jorge Luis Plata, “Comparten historias que laten en cada trazo”, publicado el martes, diciembre 16, 2025.

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